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Bar La Cueva. Juan, Angeles y Amalio atendiendo a los clientes. (1962)
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Por los años sesenta y pocos empezó el señor Amalio sus aventuras con las brasas y el fuego.
Sus comienzos fueron con piñones que el mismo recogía, limpiaba y después tostaba en el horno que todavía hoy tenemos y que nos sigue proporcionando tan suculentos asados y carnes a la brasa, de los sarmientos o barañas, que en su día se recogían a mano y que hoy las máquinas nos preparan en bonitos paquetes.
Amalio Zurraspas, que es como le conocían, no pasó por la vida desapercibido pues también fue canastero de los que recogían el mimbre, y con paciencia y esmero daba forma a cestas, banastas y cualquier aparejo que se le ocurriera.
De los piñones, también tiene su historia, pues una vez preparados limpios y metidos en costales, emprendía la marcha hacia lugares de la costa como Alicante, Elche o zonas del interior de la sierra de Navacerrada, donde con arte y maestría los vendía con su criba y su costal.
Hoy todo eso es historia, que con su talento y buen humor, cuenta a sus clientes y amigos. Pero la verdadera vocación de Amalio Zurraspas fueron sus asados y carnes a la parrilla que con tanto esmero
preparaba en este horno, para deleite de los muchos
comensales que por aquí pasaron para
degustar esas patatas
al ajillo, que tantos quebraderos de cabeza han dado para buscar
su preparación. Después de esta breve historia de nuestro restaurante y su maestro asador,
sólo cabe decir:
gracias por su visita y buen provecho! |